Reducir la dependencia del petróleo y encontrar nuevos usos para los residuos es uno de los grandes desafíos ambientales actuales. Entre ellos destacan los aceites de cocina usados, un residuo generado diariamente en hogares, restaurantes e industria alimentaria que, cuando no se gestiona correctamente, provoca problemas ambientales, pero que también representa un recurso con un gran potencial para la producción de combustibles renovables y materiales sostenibles.
En este contexto, Brais Vázquez Vázquez desarrolló en CRETUS un trabajo de investigación en el que analizó diferentes alternativas para valorizar estos residuos en el marco de la economía circular. Bajo la dirección de Almudena Hospido Quintana y Ángeles Val del Río, la investigación comparó distintas rutas de aprovechamiento, desde la producción de biodiésel y energía hasta la fabricación de bioplásticos biodegradables, empleando herramientas de análisis ambiental y económico para evaluar el impacto de estas tecnologías a lo largo de todo su ciclo de vida.
Los resultados muestran que no existe una única solución óptima para la valorización de los aceites de cocina usados, ya que cada alternativa presenta ventajas y limitaciones. No obstante, el estudio identifica los bioplásticos como una opción especialmente prometedora a largo plazo, al contribuir a reducir la dependencia de los materiales de origen fósil y favorecer una gestión más sostenible del carbono, siempre que se optimicen los procesos de producción y el tratamiento de estos materiales al final de su vida útil.




