El aceite de cocina usado es un residuo ampliamente generado, tanto en la industria alimentaria como en los propios hogares, pero difícil de gestionar. Al mismo tiempo, las elevadas cantidades de residuos plásticos que se generan suponen un problema medioambiental a escala global. Abordar ambos problemas mediante la valorización del aceite de cocina usado para producir bioplásticos es el objetivo de una investigación desarrollada en el Centro de Investigación Interdisciplinaria en Tecnologías Ambientales (CRETUS) de la USC.

La tesis doctoral de la investigadora Carlota Ucha, dirigida por las investigadoras del centro Anuska Mosquera y Ángeles Val, del departamento de ingeniería química, estudió el desarrollo y evaluación de un bioproceso integrado para la valorización del aceite de cocina usado destinado a la producción de PHA (polímeros de origen biológico y biodegradables) mediante un cultivo bacteriano seleccionado.

La directiva europea de 2018 fija los plazos para la recogida selectiva obligatoria del aceite de cocina usado y establece estrictas regulaciones para las empresas sobre su tratamiento. En España, esta recogida separada es obligatoria desde 2024. Este marco hace del aceite de cocina usado un residuo adecuado para su valorización, ya que su calidad y origen están correctamente controlados.

Con estas premisas y con el objetivo de abordar dos problemas ambientales, la investigadora trabajó con diferentes reactores biológicos en los que las bacterias se alimentaban del aceite de cocina usado y sintetizaban PHA. Se estudiaron diferentes configuraciones y condiciones para el proceso, así como otras etapas del proceso de producción, tanto a escala de laboratorio como a escala piloto. Este trabajo de investigación demuestra la posibilidad de valorizar un residuo de difícil gestión y darle una nueva función con la que contribuir a reducir otro residuo como son los plásticos.

La investigación se desarrolló en CRETUS, centro de la red CIGUS cofinanciado con fondos europeos, en el marco del proyecto nacional Ecopolyver (PID2020-112550RB-C21, financiado por MICIU/AEI /10.13039/501100011033), en el que participa como socio el Instituto del Agua de la Universidad de Granada.

Carlota Ucha en el laboratorio donde desarrolló el trabajo experimental
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